Entrevista a Luisa Isabel Álvarez de Toledo Duquesa de Medina Sidonia sobre la falsificación y dictadura histórica

Siguiendo el rastro de una antigua memoria, de la honda nostalgia del Poniente, llegamos al lugar donde el Río Grande, el Uad al Kabir se funde con la Mar Océana, como el discurso de la Historia se hunde irremisiblemente en el estuario de la Leyenda. Noble casa que alberga secretos inconfesables, secretos de estados que ni siquiera ya existen, los muros del palacio de los Duques de Medina Sidonia –bello edificio del XVII, erigido sobre una antigua mezquita– nos muestran el devenir de una olvidada identidad.

Allí nos encontramos con Luisa Isabel Alvarez de Toledo, actual Duquesa de tan rancia dinastía, que tiene además el privilegio de ser un oasis de conocimiento y compromiso en el desierto de la aristocracia andaluza contemporánea. Nieta de Maura, durante más de treinta años ha vivido inmersa en la investigación histórica, desvelando claves perdidas en el inmenso mar de manuscritos que ha ordenado y clasificado con una encomiable paciencia.
Su discurso, sólido y sugerente nos fue llevando poco a poco al convencimiento de que la alteración de los textos por razones políticas y religiosas ha sido una constante en la Historia Oficial de España. Los grandes hitos sobre los que descansa la memoria colectiva de los españoles, claves de la identidad de toda una comunidad, no sólo hacen aguas, sino que sin remedio se ahogan ante las evidencias, manuscrito en mano, que nos presentó la noble señora. De trato exquisito y gran sentido del humor, nuestra anfitriona se declaró descendiente de un musulmán “allen mar”, de aquella Berbería Ultramarina, que la historia borró para desarrollar la tremenda panoplia del Descubrimiento.

En el dorado atardecer de Sanlúcar, divisando desde el balcón el hondo estuario y las costas de Doñana al otro lado, tuvimos la sensación de estar reconciliándonos con alguna parte concienzudamente enterrada de nuestra biografía colectiva, con matices y quiebros que otorgan sentido a muchas preguntas sin respuesta.. Con toda la delicadeza y el amor del buen bibliófilo, nos mostró una de las joyas de su archivo: un libro manuscrito en árabe, quemado por los bordes, que había sido salvado del fuego por alguna mano valiente cuando los católicos quemaron la extensa biblioteca de Al Hamrra. Histórico testigo de intolerancia y persecución, su impecable caligrafía nos devolvió por un momento todo el saber del antiguo Al Andalus, su elevado sentido de lo que ha de ser la cultura.

Tras el grato y ameno coloquio, salimos de allí con el compromiso escrito de colaborar en un proyecto común de investigación histórica que, con toda seguridad, habrá de ser apasionante.

Hashim. – En primer lugar, quisiéramos saber si, a su juicio, y por la información de que dispone, existen importantes diferencias entre la Historia oficialmente aceptada y la que ud. conoce.

Respuesta. – Bueno, basta ir a cualquier archivo, incluso a archivos nacionales como Simancas, para observarlo si nos metemos en la documentación. Y no sólo esto, sino que a veces se han utilizado falsos posteriores, falsos de época, redactados por razones políticas o religiosas, y que han llegado a tomar carta de naturaleza. Los historiadores se van citando el uno al otro, y ahora se han convertido en auténticos axiomas o artículos de fe históricos. Por ejemplo, –y voy a tocar un tema un poco mío–, se dice que en Santa Fe, creo recordar en Abril de 1492, los Reyes Católicos firman un acuerdo con Cristóbal Colón y le hacen almirante para partir al descubrimiento de unas tierras ignotas. Bien. En el registro General del Sello de Simancas –y de esto tengo una copia que le puedo enseñar– hay una carta de Abril del 92, la única existente que se recibe de este señor, y una sobrecarta de Junio, que es una orden al señor Diego Rodríguez Prieto, de Palos, que está condenado –no sabemos por qué delito, porque eso no lo especifican– a servir gratuitamente por dos meses a la Corona, con dos carabelas de su propiedad, y se le ordena que las ponga a disposición de Cristóbal Colón –al que no se le da el don ni el cargo de almirante para nada–, que va a ir como capitán de tres carabelas, “a las partes de la Mar Océana, do nos le mandamos ir, con exclusión de tocar en la Mina, por ser contratación de portugueses”. Si tuviésemos la mina en Senegal la confusión sería muy gorda porque hubiese tenido que navegar hacia el Sur en lugar de hacerlo hacia el Oeste. La confusión hubiese sido gordísima. Y se le dice más, se le dice que “los cuatro meses más de viaje, se le pagarán”.

Y si miramos la historia y nos atenemos a la Crónica de Bernáldez, que conoció personalmente a Colón, pues, dado que salió hacia el 9 de Septiembre y no en Agosto como dice la historia oficial, –Bernáldez tenía que saberlo porque lo tuvo en su casa y nos lo dice claramente–, tendríamos casi seis meses justos de navegación desde la salida hasta la vuelta. O sea, que esa es una de las pruebas no sólo de que la historia se ha falseado, sino de que los investigadores no han querido ir a algo tan sencillo como el Registro General del Sello, que está, por cierto, perfectamente catalogado.

Como estas falsedades podríamos citar muchas. En el último libro que me acaba de publicar la Universidad de Cádiz, desmonto literalmente lo que nos enseñan del reinado de Felipe II, con documentos en mano. Gran parte del texto son frases y párrafos entrecomillados, recogidos de diferentes documentos sobre diversos temas. Para empezar, sobre la Guerra de la Alpujarra, que tanto difiere la historia de esta otra historia del Hernando de Córdoba y Válor etc., que no existió, claro. Difiere tanto de la realidad, que he añadido una nota comparativa entre lo que dicen los documentos y lo que dicen Mármol y el otro historiador de la Alpujarra, Mendoza. Es que es tremendo. Dicen: “gran batalla, tantos moros muertos”…, y resulta que en la documentación, Huéjar –vamos a centrarnos en el cerco de Huéjar–, bueno, pues resulta que Huéjar no estaba cercado. A Huéjar van porque tenían que hacer alguna acción. Los pobrecitos de Huéjar salen corriendo en cuanto se ven el plan. Llega Juan de Austria, los persigue y lo que coge es una punta de vacas y algunas mujeres…, porque mató a cuarenta hombres, pero en el campo, porque se habían ido corriendo. Esto está contado cé por bé por un coetáneo.

En fin, así podríamos seguir, pues desde el falso pedir de la Armada Invencible, que dice que el séptimo Duque de Medina Sidonia se mareaba y, bueno, hay algo así como seis tomos de documentación en que este señor funciona como marino. Pero hay cosas mucho más flagrantes. La primera cosa que se compra en cuanto es mayor de edad, es una fragata porque le encanta navegar. Y hay una comida en el Río Guadalquivir, en barco, con un criado del Duque de Braganza, en que están los dos, y que es evidente que a un señor que se marea en barco, no se le ocurrirá comer en una barca en mitad del Guadalquivir.

Podríamos seguir indefinidamente. Sí, está falseada la Historia oficial, por razones obvias, porque ha interesado políticamente, y ha interesado políticamente siempre.

Otro ejemplo que les voy a dar: cuando se crea la Iglesia de Almería, no se encuentran rastros de religión cristiana. Este dato se le escapa a Mendoza en un documento del que tengo aquí una copia de época. No hay huella cristiana. En otras partes había que admitirla, aquí no. ¿Qué es lo que pasa? Que, efectivamente, no fueron cristianos, pasaron de gnósticos a musulmanes.

H. – ¿Podría usted relacionar la caída de Granada y el anuncio oficial del descubrimiento de América?

R. – En el tiempo y en los hechos. Hay una guerra que ha desaparecido de la Historia y que está superdocumentada en Simancas. No le digo más, que he pedido seiscientos documentos, todos referentes al tema, con el Índice del Registro General del Sello. Esta guerra, enfrenta inmediatamente a varias coronas. Hacía tiempo ya, Enrique IV, intenta hacerse con la parte de Agüer, con la parte de Gáldar, Telde y Berbería. En la Historia de Marruecos, tienen ustedes un episodio que se recoge simultáneamente en las Islas de Canarias, en 1461. Es la toma de posesión de Diego de Herrera, de Gáldar, que le da vasallaje como señor, que lo toma en nombre de Enrique IV, y que aparece en la Historia de Canarias: Telde y Gáldar son dos príncipes. Y en la Historia de Marruecos, Telde y Gáldar son dos provincias, que están en la Berbería. Uno de los sitios se llama Oid, que es donde desembarca este señor. Entonces, Enrique IV no consigue, –a pesar del señorío de Herrera y Saavedra–, hacerse con eso, y la reina católica decide hacerlo ella, hacerse con el oro, que es de lo que se trataba, aunque no le tocaba en la partición de Martín V. La guerra se inicia en el 1475 con una expedición a la Isla de África y Guinea, en la que va de capitán, Charles de Valera, que es alcaide del Puerto de Santa María. Hay una serie de armadas, en las que luchan contra portugueses y moros aliados, pues ya se están metiendo en su territorio, por esta tierra, por esta Guinea del Oro, por esta Tierra de Agüer, donde están las pesquerías, donde están los ríos con sábalos, etc. Y con los franceses, que también llega a ser guerra déclarada, porque los católicos pretenden cerrar todas esas costas, y que no vaya nadie más que los barcos de la Corona o los autorizados por ella. Claro, como ya estaban los portugueses y demás, no están dispuestos a dar su brazo a torcer. También hay capturas de barcos ingleses. No puedo decir que haya una guerra declarada con Inglaterra. Tengo indicios, pero para poderlo asegurar, tendría antes que leer el texto completo, de entre los documentos que tengo pedidos. (Para decir que hubo una guerra declarada lo tiene que decir en el documento textualmente, si no, yo no puedo afirmar tal cosa). Que había capturas de ingleses, sí lo puedo decir, pero que había una guerra declarada no lo puedo afirmar.

Tengo dos o tres documentos en los que taxativamente se dice que se han firmado las paces. Esas son las paces de Alcoçabas. En el año 1479 se hace la paz. Me da la impresión de que salieron bastante mal parados los Reyes Católicos. Esta es la guerra que nos presenta la historia como de sucesión con la Beltraneja. Y todo este episodio de la guerra por mar, con Guinea de por medio, ha desaparecido de la Historia, aunque le digo a usted que está superdocumentado. Y no aquí, sino en el primer Archivo Nacional del país, en diversos documentos.
Entonces, Portugal se reserva lo que tenía y cede. Francia queda con el derecho a ir a Guinea cuando le dé la gana, los ingleses también. Ya a partir de ese momento es delito -y esto nos da una documentación maravillosa-, apresar un barco francés o inglés, porque cada vez que los de Palos apresan uno de estos barcos, hay una demanda judicial y está el documento que, además, nos indica el lugar. Concretamente hay uno al que cogen en las Azores, a un inglés. Pone el ademande: “oiga, mire, que la paz se ha hecho ya y que a mí me han cogido en las Azores y que no”. Nos da su carga. Por eso puedo hablar del tonelaje -porque tienen que decirlo-, y lo que llevaban. Este llevaba trigo.
Entonces, en esa paz queda establecido que las Canarias quedan en España y que asimismo queda a España el Reino de Granada, “la conquista del Reino de Granada”, porque esas concesiones eran “conquistas”. El Papa no daba la tierra, sino su “conquista”.
Por eso los portugueses no conquistan nada, comercian con los musulmanes del otro lado, como los de Palos, comercian tranquilamente. Como el Duque de Medina Sidonia comercia y no se le ocurre instaurar allí un señorío: hace trata, lleva paños, en fin…, trafica.

A los católicos les dan la conquista del Reino de Granada. Entonces, primer paso, vamos a conquistar Granada y las Canarias. Si usted sigue la guerra en las Canarias, observará que esa guerra se inicia oficialmente en 1480 y se termina en 1501. La inicia Pedro de Vera y la termina Alonso de Lugo. Si miramos las Islas de Canarias, poca fuerza debía de tener España para estar en guerra, luchando, combatiendo de una manera clara, evidente, con bombardas, durante todos estos años en estas islas.
Vamos, es que se las habría… no planchado… es que no hubiese quedado nada. No era posible esa cantidad de años, porque… muy probablemente, Cuba era una de las Canarias, y las Canarias alcanzaban hasta Guadalupe, donde los españoles pretendían que siguiesen, ¿verdad? Cogían Cartagena de Indias y al descender para abajo los portugueses se negaban y decían que aquello se llamaba Cabo Verde y que allí los españoles no tenían nada que hacer. Probablemente éste es uno de los grandes problemas, porque claro, ahí empezaba el oro y… ahí no jugaban. Entonces tiene que conquistar primero Granada para adquirir los derechos al Reino.

¿Por qué se llama Nuevo Reino de Granada, a la parte del oro de Colombia? ¿De pronto a los españoles les da por decir Nuevo Reino de Granada? ¿Y por qué los pescadores de Palos que van “a las pesquerías de lejos”, van al “Reino”, donde no tienen que hacer el amarre? ¿Y por qué los Reyes Católicos, antes de lo de América, compran la mitad de Palos, para poder sacar barcos, porque si no Colón no hubiera podido salir de allí? Se crea una armada de Encargo Real. Y no la encarga como Encargo Real, sino como Señora de Palos, porque si no, no hubiera podido salir. Pues, sencillamente, Granada es el paso hacia el oro. La idea de unificación de España yo no la he visto hasta Enrique IV y, aún éste, no tiene las miras en la unificación peninsular sino en el oro. Hasta que no surge el interés por el oro de allá, es evidente, no hay un verdadero ataque al Reino de Granada, y hasta que éste no se debilita…

Si cogemos la historia de Marruecos, que nos lo sitúa (el oro) naturalmente ahí, coincide todo esto con guerras civiles y con la caída de una dinastía. Si no hubiera caído la dinastía, es probable que no se hubiese conquistado Granada. Lo de Granada fue un acuerdo –todos sabemos cómo fue–, y además lo tenemos contado por el Marqués de los Vélez aquí, y en Simancas. Un tratado, un acuerdo de dos bandos en Granada, y uno de los bandos decide que prefiere a los católicos, al bando de la Iglesia y llegan a un acuerdo de que le dan vasallaje. Los vasallajes que habían dado antes, por ejemplo, el que consta ahí, de los reyes de Niebla, Murcia y Granada, nunca habían implicado ocupación y, en este caso, sí van a implicarla, reservándose los ya vasallos sus costumbres, religión etc. Yo creo que lo firman sin ningún recelo. Claro, luego pasó otra cosa… Pero al tener Granada los católicos van ya a tener derecho a lo otro. Ya digo, está taxativamente en el documento de Simancas cuya copia les voy a mostrar. Entonces, inmediatamente, caída Granada…, pues vamos a seguir.

H. – Otra cuestión con relación al Islam es, si se puede hablar en la Península de un genocidio total o si puede consignarse algún tipo de supervivencia del Islam al margen de la versión oficial.

R. – Hubo dos supervivencias. Una de los Templarios, que tenían una gran relación con el Islam. Los Templarios, ya sabe usted que son exterminados en 1309, pero aquí también, así como en Portugal no: se convierten en la Orden del Cristo y aquí no ha pasado nada. Los Templarios tenían una gran relación con los musulmanes. Aquí, sin embargo, va a seguir funcionando la Orden Templaria con sus normas, en los pescadores de Palos, de Huelva, de Sanlucar, razón por la cual ellos podían comerciar con aquella parte y los Reyes Católicos no, porque ellos habían heredado este acuerdo con los musulmanes.

El genocidio se va a perpetrar en varias etapas. Tenemos primero la conquista de Granada. Precisamente en el próximo número de “Voces de la Historia” que luego se lo enseñaré, sacamos un documento de 1495, en el que el Duque del Infantado acuerda con dos lugares lo que deben pagar los musulmanes y, es más, se dice que “los bienes de la mezquita. no pagan impuestos”. Entonces, de momento, no va a pasar nada. Ocurre un incidente que les viene muy mal a los Reyes Católicos, que lo cuenta en una carta el Marques de los Vélez, de un supuesto asesinato de cristiano en el Albaicín que según este marqués, ni hubo asesinato de cristiano ni hubo absolutamente nada, sino que se trató de una algarada fomentada por el cardenal Mendoza por una cuestión de decomisos. El musulmán no pagaba impuestos a la Iglesia sino al señor y… pagaba. Esto no entraba en los cálculos del Cardenal Mendoza para nada. Entonces la Iglesia tenía un gran interés en conseguir la conversión de esta gente. En ausencia de los Reyes Católicos se monta el numerito del Albaicín, que por cierto lo recoge Tariq Alí en su novela, que es muy buena, pero eso es falso.

H. – A la sombra del granado…

R. – Si pero eso es falso, no ocurrió.

M. – Y eso es lo que dio después lugar a la quema…

R. – No, es que no tuvo lugar. A lo que dio lugar fue a una cosa mucho más divertida: asustados los musulmanes de Granada y de la zona ante la que se les viene encima por esa supuesta muerte –que según este señor que es cristiano dice que nada, que no pasó nada y lo cuenta en una larga carta muy interesante– consigue Mendoza que se conviertan. Dicen: “bueno, bueno, si nos deja en paz nos convertimos”. Entonces se convierten, los bautizan (para cobrar el diezmo) y los Reyes Católicos se suben en todos los caballos porque, claro, esto era lo último que les interesaba. A los Reyes Católicos –y en el 1501 empieza la gran represión– lo que les interesaba era esperar a que Alejandro VI les diese las Bulas de las Tercias. La Bula de las Tercias es, sencillamente, que las tercias de los diezmos de la Iglesia se van a pagar a los reyes o a los señores civiles, que quedan, a cambio, a cargo de edificar las iglesias. La verdad es que las edificaron mal, tarde o nunca. Pero claro, cogen una parte del impuesto. Mientras no cobran este impuesto no quieren que se conviertan. Y a la Iglesia sí le interesa. Entonces, a partir de este incidente del Albaicín, se van a parar las conversiones totalmente. Llega la reina Isabel a Granada y dice que nada… hasta que llega la Bula. Cuando llega la Bula se inventan una sublevación –como siempre, en la Alpujarra– y entra Fernando a saco. Por cierto, los de Lorca se van y luego piden volver porque no podían más.
El que quiera se va y el que quiera se queda, pero matan a una cantidad de gente impresionante, y ahí sí se convierten por narices, porque ya, económicamente, le interesa más a la Corona que se conviertan que no que sigan siendo musulmanes.
Esta es la primera persecución seria y la primera vez en que sí hay que convertirse. Esto va a durar durante todo el año de 1501. Luego otra en 1505, que se produce en varias oleadas. Luego ya tenemos al morisco. El morisco es el musulmán convertido a medias. Tenemos toda la documentación de Vélez, en la que vemos que sigue tratando de preservar sus carnicerías, sus zambras, sus papeles, sus documentos. No puede llevar ropas rimbombantes ni alhajas. No le importa nada, es modesto, trabaja la tierra. Son una minoría, en Andalucía más bien mayoría, riquísima, porque ahorran mucho, muy modesta, y como dice el Marqués de los Vélez, “desde que me han traído cristianos viejos, me están destrozando las acequias, el campo”. (Estos Fajardo que también eran claramente conversos). Entonces más o menos esto va pasando.
Los moriscos iban al ejército, generalmente de gastadores, o sea que no llevaban armas, sobre todo bajo Felipe II, hasta que éste, por una serie de razones, necesita una guerra. ¿Y qué se le ocurre?: pues vamos a por los moriscos. El bando, el famoso bando de que no tenían que usar sus ropas, etc., que salía casi todos los años y siempre habían llegado a un acuerdo –los moriscos pagaban una cantidad, aquello se olvidaba y adiós muy buenas– de pronto se aplica y se provoca una pequeña sublevación. Entonces ahí va a haber una segunda y tremenda expulsión. Hay descripciones que son sangrantes. Las hay ya con las arropeas, o sea, esposados hacia Castilla, Zamora… de los moriscos arrancados de sus casas. También al imbécil de Felipe II se le había ocurrido la idea de que las tierras que abandonaban aquí los moriscos se les podían dar a los cristianos viejos. Pero el cristiano viejo no entendía de regadío, entonces esto se pierde. También pensó que el morisco allí iba a poner regadíos.
Tal política arruina esta parte y de hecho los moriscos no se levantan. Al principio esta pobre gente –de pronto llegan los soldados, los matan, están cogiendo leña, están labrando y los matan– no saben que están en guerra y se van a denunciar. Y el alcalde mayor, que también es morisco, recoge la denuncia, y abre un proceso. Y se dan cuenta de que están en guerra cuando pasa lo de Galera. La matanza de Galera llega y entonces se van a las cumbres los que pueden y efectivamente consiguen seis mil moriscos levantados. A esos seis mil moriscos no los vencieron jamás.

Por cierto, es absolutamente mentira que viniese ayuda del Turco. ¿Por qué? Ustedes lo sabrán mejor que yo. Estos eran “elches” y el Islam no perdonaba a un “elche”, a uno que, por quedarse en el terruño, había abjurado de su fe. Así que la alianza era imposible a no ser que hubiese conversión al Islam y no la hubo. Esta es otra ola. Y luego, la última ola, que ésa es también sangrante, que es la expulsión de Felipe III.

Es espantosa. Entonces: ¿qué es lo que va a quedar aquí? Pues aquí va a quedar y queda siempre, lo vemos en el XIII y lo vemos en testamentos como en el del primer Conde de Niebla –a quien se le va un poco la onda y suelta alguna herejía que otra desde el punto de vista cristiano, claro– un poso islámico que llevarán los católicos, los conversos católicos, muy fuerte en Sevilla, muy fuerte en Córdoba y que es quizás una de las causas de los primeros autos de fe que son en 1480 y que dicen “contra judíos y musulmanes”.

No señor, puesto que no estaban prohibidas ni la práctica del judaismo hasta el año 92, ni la práctica de la religión musulmana hasta muchísimo después. Los del pueblo de Molinaseca, por la parte de Murcia, que eran cristianos desde el siglo XIV, vamos, que pertenecían a la España Cristiana desde el siglo XIV, se convierten y ahí está el documento en 1501. El acuerdo es colectivo, con la condición de que les dejen los baños y una serie de cosas y se convierten masivamente en 1501.
Hasta entonces ni se les había ocurrido a ellos pues esos autos de fe son contra los medio conversos, que son los llamados herejes porque entonces no había otros herejes. Y bueno, yo creo que aquí, un poso de los principios islámicos, de la religión musulmana, va a quedar inevitablemente a través de las generaciones. Pero hemos de reconocer que la “limpieza” de Felipe III fue bastante profunda. Y ya con independencia de las creencias. Vamos, que eran todos católicos a machamartillo. Tenemos el caso de este Duque de Medina Sidonia que pide por favor que le dejen dos moriscos que tiene en sus colmenas, porque son los únicos que las entienden y el rey dice que ni muchísimo menos, que se tienen que ir. Y de producir miel y venderla pasa a comprarla para su casa porque los cristianos se cargaron las colmenas en cuatro días. O sea, hasta ese punto. Entonces, el desarraigo personal sí, pero el poso queda y además volvieron muchos.

M.– Y ¿en qué época se pierde definitivamente cualquier tipo de vestigio de los musulmanes?

R. – ¿De uso, de práctica del Islam? Pues la verdad es que yo no sé decirlo, porque yo conocí en los años sesenta, en Ronda, a unos señores que eran musulmanes y eran españoles. Eran musulmanes en secreto, musulmanes de tradición. Confidencialmente me lo dijeron. Eran campesinos y no creo que tuviesen contacto ni con el Norte de África.

M. – Pero, registro escrito, ¿cuando deja ya de constatarse?

R. – Registro escrito. Nosotros tenemos cartas en árabe pero proceden de Salé. Felipe II ordena quemar todos los documentos en árabe y se queman efectivamente en 1568 y, la verdad, queda bastante poco. Y tan queda poco que cuando viene aquí Hamet desde Marruecos (me parece que es el hermano de Sidam, Muley Sidam y que se habían dividido el reino) tiene problemas para encontrar un intérprete. Y, es más, ya en los años 60 del XVI, después de la Guerra de las Alpujarras, se dice: “bueno sí, hablaba almorabeo”, pero ya se nota que los mismos moriscos, que se reservan, ya no hablan el “morabeo” porque ya no escriben en árabe. Eso es evidente. Es un idioma que se va perdiendo.

M. – Es decir, que se puede hablar de un genocidio casi absoluto.

R. – De un genocidio pero en episodios. No va a ser ya. Se inicia con los Reyes Católicos y va a continuarse hasta Felipe III y, posteriormente, ya digo, me acuerdo de esta familia que eran musulmanes, pero vamos, muy en secreto y por herencia, por tradición. No los he vuelto a ver. No sé que habrá sido de ellos.

H. – Pero: ¿practicaban las costumbres islámicas?

R. – Sí, pero escondidos. En transmisión de padres a hijos. Y tenían un miedo horrible a que se supiese, además. Fíjese usted, que es la primera vez que lo digo, porque creo que ya, ni existen.

M. – Y, cifras de musulmanes, ¿Hay alguna estimación anterior al genocidio?

R. – Se podrían establecer, pero no he hecho ese trabajo. Por ejemplo, ahora hemos estado dando una vuelta por Gaucín, Algotacín y Benarraba (Ben a Rabá, que está bien claro, que son los hijos de Rabá). Bueno, según la gente, las raíces musulmanas están claras. Esos pueblos eran del Duque de Medina Sidonia. A Gaucín lo protegió muy bien, haciéndolo plaza de armas de las tropas de Granada. A los de Algotacín y Benarraba les consiguió una carta del rey en Sevilla, para poderlos amparar. Entonces se los trajo a Sanlúcar y cuando creyeron que ya iba a pasar la cosa, piden permiso, que se lo tramita Tébar, para volver, para volverse a su tierra, y malhadadamente llegan los cristianos, se vuelve a liar la cosa en Ronda y en Algotacín. Ocurre una cosa verdaderamente trágica. Está documentado. A esos pobres que se habían refugiado aquí, si se hubiesen quedado un poco más, no les hubiese pasado nada. Les dieron autorización, con todos los derechos. Llegaron las tropas, y adiós muy buenas, claro. Como decía, se puede hablar de un genocidio sistemático a partir del 93, no antes. Hubo dos o tres intentos. Juan I es el que les manda llevar a los musulmanes, como a los judíos, una señal para distinguirse. Y Enrique IV lo repite y decide meterlos en guettos. No los mete, pero ya los Reyes Católicos lo hacen en 1493.

H. – Otra cuestión es si todos estos datos que estamos escuchando, la divergencia con muchas versiones oficiales, son conocidos de los investigadores que hayan profundizado en estos temas.

R. – Hombre, supongo que han de conocer el Registro General del Sello. Yo he sacado mi relación de documentos de un índice impreso. Supongo que quienes lo han hecho y los han manejado han visto lo mismo que yo. ¿Por qué no ha despertado eso su interés? Verdaderamente lo ignoro.

M. – Es extraño que actualmente pueda ser así. Quizás en la época anterior, en la dictadura de Franco, por su vinculación a la Iglesia Católica se podría explicar, pero en un Estado aconfesional que supuestamente…

R. – ¡Ah!, pero ¿usted se cree que esto es un Estado aconfesional? Usted está en la higuera. Primero, no es un Estado aconfesional y, segundo, la Historia se ha convertido en pura política. Entonces, todo lo que pensábamos de investigar, poder romper todas esas barreras del período de Franco…

Bueno, a mí me da esperanza el que me haya publicado esta obra la Universidad de Cádiz porque eso quiere decir que alguna mano se va abriendo. Pero el otro libro sobre la cuestión americana, lo publicó un francés. No había manera de que lo publicasen españoles. Lo publicó un francés aquí con toda clase de dificultades: de venta, de salida, de difusión y de lo que se quiera. Y, ahora mismo…, yo he pedido esos documentos a Simancas… ¡hace un año!. Y ahora me dicen que tengo que firmar un convenio. He mandado la solicitud, todo lo que me han dicho que tengo que mandar. Y yo no me niego a pagarlos: a 15 pesetas la fotocopia. A quince pesetas la fotocopia es un derecho que tenemos todos los españoles y más, un investigador como yo. De modo que sí estoy teniendo problemas para tener los documentos. De hecho, tengo la investigación parada a causa de eso.

H. –¿De dónde surgen esos criterios?, ¿dónde nace esa política? ¿de qué poderes?

R. – Pues adivínelo usted. Entérese quien les paga a ellos por falsificar la Historia y a parte de todo su equipo. Esto me la han publicado franceses. La Casa de Velázquez es una institución francesa en Madrid. Los españoles no lo hubiesen publicado jamás. Y aquí no hay trampa ni cartón. Si lo mira usted, aquí están los legajos, de dónde se sacan los datos y con las fotografías de los documentos.

M. – ¿Se pude decir que hay razones de estado para ocultarlos?

R. – Sí, hay razones de Estado que a mí me parecen absurdas, pero las hay.

M. – ¿A quién benefician?

R. – Eso, actúen ustedes como los detectives ingleses. ¿A quién pueden beneficiar? Es absurdo porque no se puede falsificar la Historia. Falsificar la Historia no sirve para nada. Es una pérdida lamentable de tiempo porque se pierden nuestras raíces.

H. – Entonces es que, tal vez, interesa que se pierdan nuestras raíces y que se pierda la memoria.

R. – Por supuesto. Por ejemplo: ¿Hay algún documento más interesante a publicar para un país que el índice de la biblioteca de un señor que en 1507 tenía trescientos títulos? En España, en Andalucía. Eso es importante ¿verdad? Bueno, eso está transcrito, lo han recogido historiadores, investigadores diversos… nunca se ha publicado. ¿Por qué? Porque está diciendo Averroes…, una serie de escritos musulmanes y tal.

M. – O sea, que sigue habiendo una política inquisitorial…

R. – Bueno… eso es para ganar un premio. Aquí ha habido investigadores que lo han copiado. Se lo he dado yo y les he dicho: “aquí tenéis esto, que es el índice de la biblioteca. Aquí tenéis esto, que es una maravilla”. Hasta hace poco, a mí no me habían publicado absolutamente nada. Entonces me valgo de los investigadores que vienen por aquí para explicarles lo que quiero que salga. Se les han puesto los ojos como bolas, entre otros a Jesús Gil y a Consuelo Varela. Lo han copiado, lo han transcrito..

H. – Pero no lo han publicado… Y, en su archivo ¿hay textos de Avicena y de Averroes?

R. – No, el Archivo es de documentación y esta biblioteca se perdió, desapareció totalmente. Este hombre tenía esta biblioteca porque además de esos trescientos títulos, se inventarían –es un inventario testamentarial–, cajas y cajas… arcas llenas de libros, en árabe, en latín, en romance, incluso libros de los judíos y, además, antiguos, una cosa impresionante. Le hereda su hijo. Hay una serie de vicisitudes. Pasan el título y la casa por tres hermanos. El hijo todavía tiene libros, pero ya tenemos una cuestión: era ésta una casa de puertas abiertas. Aquí llegaba un vasallo y en el pasillo le daba un memorial al Duque y, además, lo decía: “en el salón tal pasó un vasallo y me dio tal memorial”. Había una sola habitación cuya llave llevaba siempre el Duque en la faltriquera, que era “la cámara de mis libros”. O sea, esa no la soltaba. ¿Por qué lo sé? Por las cuentas en las que figura que la tienen que llevar a arreglar. Entonces, todavía tiene libros, pero es que el nieto ya no tiene libros: han desaparecido.

H. – ¿Dónde están esos libros?

R. – Quemados probablemente

M. – ¿Actualmente se queman libros?

R. – No… Estoy hablando del siglo XVI. Bueno, actualmente se han estado quemado libros hasta hace muy poco. Y a mí se me dijo que los documentos éstos que me llevaban de la parte de África a América por los ríos y tal, a mí se me dijo que los quemase. Le confieso que los he tenido escondidos mucho tiempo.

M.– ¿Estamos en una nueva forma de inquisición?

– Estamos en una nueva forma de conductismo. Conductismo de masas. Vamos a crear una historia estereotipada: ya conocerán ustedes la historia de los montes de Granada, cuya falsificación se descubrió inmediatamente. Conocerán ustedes la historia, la verdadera historia del rey Don Rodrigo, que es otro invento, los cronicones del Padre la Higuera, encargados por Felipe II para falsear la Historia –contra los que ya combate a finales del siglo XVII Nicolás Cid–, que se estaban enseñando en las escuelas. Es una especie de constante en este país. Falsean toda la historia de Europa. Hay cosas que no las entiende nadie. De pronto en el siglo XIII en Europa hay un auge económico brutal, la gente empieza a producir excedentes para poder comprar porque la oferta es mayor y ya no se contentan con la economía que había. ¿En qué se basa ese auge? En que, de pronto, a Europa llega mucho oro. Haga usted lo que haga el trigo no se convierte en oro. Luego, si hay oro, el oro llegará de alguna parte, de donde evidentemente lo había. Los marroquíes lo tenían… Se dice que el tesoro cogido al rey de Marruecos, que es el vencido en las Navas de Tolosa, cambia el pulso del oro en Europa. Es tal la abundancia de oro, que baja. ¿De dónde tiene Marruecos tanto oro si nos atenemos al Marruecos actual? ¿Me lo quieren ustedes explicar?

M. – O sea, que eso nos lleva de nuevo a…

H. – …de nuevo otra vez a la tesis americana…

R. – Y cada vez que hay un follón… Aben Yacob, el primer benimerín, que era uno de los alcaides o gobernadores de Zaid al Rashid –eso está en la crónica de Alfonso XI– al morir asesinado, ante los muros de Tremecén, se disgrega su imperio que llegaba hasta Egipto y que prácticamente no sabemos “desde dónde”. Entre los gobernadores que se sublevan figuran los hermanos Bukari y Acob, hijos de Marín, los cuales se convierten, uno en señor de Fez y otro en señor de Ribat. Tenemos Fez y Ribat. Se independizan y van a “pasar el mar” hasta Salé, para ayudar a un rey sublevado en la otra parte, en Marruecos.

H. – ¿En Marruecos?

R. – En Marruecos. Eso lo tiene usted en la Crónica de Alfonso XI.

H. – O sea, que iban de Fez, a ayudar a un rey sublevado “en Marruecos”.

R. – Sí, y ése es el Aben Yacob, que después va a venir de “allen mar” a ayudar a Alfonso X. En los documentos, el Marruecos actual se llamaba Algarve de Berbería, nombre que va a conservar hasta el XVII.

M. – Yo veo que hay aquí como dos grandes mitos en la Historia de España. Uno, el del Descubrimiento de América por Colón, y el otro es el de la invasión de los árabes.

R. – Eso, la verdad, no lo tengo tan elaborado porque no tengo documentación. He leído, como ustedes, a Olagüe; he leído, como ustedes, las Crónicas. Y he leído ese documento de erección de la Iglesia de Almería, en que se dice que no hubo presencia cristiana anterior. Estoy absolutamente con Olagüe en que aquí eran gnósticos, unitarios. Los arrianos son los liberales siempre, los trinitarios conservadores. Entonces, creo muy probable que al llegar el Cristianismo Arriano como fe única traída por los godos, que aquí hubiese, lo que dijo Olagüe, cuando triunfa Rodrigo, después de la muerte de Witiza, que era liberal, sencillamente una invasión intelectual. Los unitarios que ahora tienen fuerza son éstos, pues nos vamos con ellos. Otra explicación sería totalmente absurda: de pronto, despoblado el país y repoblado con gente que venía de otro lado… oiga, mire, no. Ni había tanta gente en el otro lado, ni tan poca en éste. Y estoy con Olagüe en que la gente se arabizó, en que también a Abd Al Rahman I le vino de maravilla la historia de ser un omeya (que probablemente no lo era) y que se había venido por el desierto, que era el único que se salvó, etc. Todo eso cabe. Incluso a los musulmanes, esa historia les vino bien políticamente porque era bonita: la hégira a través del desierto, la tragedia… y entonces se trastoca y se convierte en físico lo que fue intelectual. Era mucho más difícil de explicar. Pues mire, es que no, es que resulta que llega una idea y entonces la aceptaron cambiando de criterio. Eso no es material. Es mucho más bonita esa cabalgada por el desierto de Libia. Y a los Reyes Católicos les interesaba mucho más decir: “no, es que estos pobrecitos españoles fueron invadidos por los árabes musulmanes”, que reconocer: “no, es que estos pobrecitos españoles un día dijeron: «sí, a nosotros lo que nos interesa es ser musulmanes»”. Fue una mentira que les venía bien a los dos.

H. – Es curioso. Hace unos días le preguntamos a un historiador marroquí, si se conservaban en los archivos de su país documentos del siglo VIII, y nos dijo taxativamente que no.

R. – La colonia hizo ahí una verdadera escabechina.

H. – Quiere esto decir, que del siglo VIII no queda nada ni en Marruecos ni en España.

R. – Fue una auténtica sarracina lo que se hizo en la época colonial. Pero es así en todos los países colonizados. Primero, cosas curiosas que se las llevan a casa y, segundo, esto sirve para borrar la memoria histórica de la raíz de los pueblos. Un pueblo sin historia es mucho más fácil de dominar que un pueblo con historia. Eso está clarísimo. Los colonizadores siempre tienden a destruir la Historia en beneficio de la Leyenda. La leyenda no perjudica, es inocua, como todo lo falso. La que cuenta, la que de verdad crea el espíritu de un pueblo es la historia humana. Mire hasta dónde llegamos. El fundador de nuestra familia es Guzmán el Bueno. Aparece en la historia como caballero leonés, que baja y en la primera guerra con los musulmanes coge prisionero a un emir de quien se hace íntimo amigo. Cuando se pelea con Alfonso X, el emir le invita a Marruecos. Se va a Marruecos, hace fortuna. Viene a guerrear con Alfonso X. Vuelve a Marruecos en tiempos de Abey Yacob. Se pelea con el hijo, se viene aquí y pasa lo que pasó. Hace siete años, una amiga mía me dice que en Santa Inés de Sevilla, hay un documento de Guzmán el Bueno. Efectivamente, ahí está, en un pequeño pergamino de 1288. En este documento se dice que este señor nació “allen mar”. El único sitio donde se dice de dónde es. Allen mar o sea, un musulmán. ¿Por qué toda esta historia abracadabrante de que en un torneo se pelea… –nadie se peleaba– con Alfonso X? Sencillamente, porque el héroe de Tarifa no podía ser de origen musulmán. Al fin y al cabo era un héroe. Había sacrificado a su hijo por defender la plaza. Tenía que ser un cristiano viejo.

H. – Y lo cambiaron.

R. – Se monta toda la historia de esa infancia extraña y de esa pelea con el rey que no cabe en cabeza humana, para hacerle cristiano viejo. Y de pronto aparece ese documento y digo: Ah, “allen mar”, que es que pone una “A”, es decir, que esto es un sitio. Oséase, que este tío es del otro lado del mar. Como hasta Aben Yacob no había fuerzas cristianas porque Zaid no las tuvo nunca en Marruecos, pues no podía ser hijo de un cristiano que se hubiese ido. Que estuvo en Tarifa, sí. ¿Con un año? No, era ya mayorcito. Hasta en esas pequeñas cosas se ha mentido.

M. – ¿Y cómo los historiadores con un espíritu científico pueden llegar a engañarse a sí mismos?

R. – Les voy a enseñar una cosa. Lea el primer párrafo nada más.

H. – Dice: “La albalá que sigue, llamada a la Guerra con Aragón. Impopular la contienda entre los historiadores, aún estando debidamente documentada, se silencia incluso en la Crónica. El encuentro parece haber sido preludio de la civil que estalló en Castilla por Septiembre de 1464, igualmente silenciada”.

R. – En fin, esta es una llamada, firmada, documento perfectamente auténtico, por Enrique IV a una guerra que no la han vuelto a entrar en acta.

H. – Y esto es de lo que queda, porque de lo que han quemado…

R. – Esto es de lo que queda.

H. – Bien. Y cambiando un poco de escenario, retrotrayendo la cuestión a nuestro tiempo, ¿cómo ve el Islam en la actualidad y esa especie de revitalización de la cruzada que vemos en los medios de comunicación, donde empieza otra vez a darse una imagen del Islam como “el otro”, el Islam como la intolerancia, reviviendo ese espíritu tan caro a la versión oficial que nos enseñaron?

R. – Yo qué quiere que le diga. Desde el asunto del Golfo, creo que se abrió la caja de Pandora. Y se abrió para todos. Para mí, la Guerra del Golfo fue uno de los mayores disgustos que me he llevado en mi vida. Todo aquel que es perseguido se revuelve. Es inevitable. De las dos corrientes del Islam, hoy tenemos un islamismo intransigente –siempre lo ha habido, desde Alí–, la corriente, si se quiere, más conservadora, más teocrática y la corriente mucho más liberal hasta llegar a los sufíes, que son absolutamente liberales. Esto existe. Naturalmente también existe en la Iglesia Católica, también existe en Roma. Tenemos un Papa integrista en este momento. No tenemos más que oír las declaraciones de Roma. Eso es integrismo puro. No hemos llegado todavía a matar gente pero bueno, todo se andará si… si Dios no lo remedia. Que se mate a un periodista argelino no es una carta de presentación, qué quiere que le diga. Los periodistas, salvo que mientan… son informadores… Eso no se suele tocar. ¿Volver atrás?, tampoco, porque en el mundo árabe ha habido incluso mujeres gobernantes y las hay actualmente, quizás más que en mundo occidental. Véase Turquía. Pero ¿vamos otra vez a tratar de cerrar la Universidad a la mujer como los lamentables sucesos que están ocurriendo en Argelia? No creo que sea conveniente para nadie. No es una cosa que quepa en una mente civilizada. Que esto es consecuencia y rabotazo de la Guerra del Golfo… pues probablemente sí.

H. – Pero. ¿cual sería la relación entre una cosa y otra?

R. – Hombre, un pueblo perseguido se atrinchera. Y lo hace en sus orígenes más cerrados y violentos. Porque ha sido perseguido y en cierto modo ha sido machacado. Lo de Iraq fue la matanza de los santos inocentes, vamos, una verdadera bestialidad. De pronto los americanos… y lo dije entonces y lo diré siempre…

M. – Los aliados.

R. Y lo diré siempre. Una barbaridad. Daño a ciudades maravillosas… no hablemos del tema. Entonces esto se puede perfectamente aprovechar para crear una corriente antiislámica, por la mucha gente que puede estar interesada en crear una corriente antiislámica.

H. – ¿Con qué fines?

R. – Hombre, en España, ya le digo, había un señor en Ronda hace unos años, que en secreto me dijo que él era musulmán de padres a hijos y ahora me están hablando ustedes aquí sentados ¿no? y no se están escondiendo ¿verdad? Pues eso quiere decir que, para otras religiones, puede ser desagradable el posible avance de una religión diferente dentro de la comunidad española. Todo aquello que retrocede, se defiende y lo hace con todos los medios. Luego en Francia, ya conocen ustedes el problema: la gran población musulmana y el miedo de algún sector de franceses; el resto está tan tranquilo. Allí se presentan una serie de problemas: laborales, de falta de trabajo, de costumbres y de criterios diferentes entre dos religiones distintas. Es evidente que un cristiano no puede pensar como un musulmán ni un musulmán como un cristiano en un montón de cosas y claro, ustedes son los que avanzan…

H. – Pero, realmente: ¿quién teme al Islam?

R. – Pues supongo que aquí, para empezar, los obispos, por supuesto. Eso está clarísimo. Aparte de que en España, yo creo que hoy la corriente popular es muy liberal y más bien agnóstica. En España, lo que más está creciendo es la indiferencia religiosa, la creencia en la posibilidad de la existencia de Dios, pero sin ir más allá, sin admitir dogmas ni mandatos religiosos. Esta creo que es la corriente imperante en España en este momento.

M. – Y nosotros, de hecho, procedemos de esa corriente. Nosotros hemos sido bautizados, procedemos de padres católicos, apostólicos y romanos, hemos sido educados en colegios de religiosos y, ante un dogma irracional, ante una serie de creencias irracionales, hemos evolucionado hacia una posición en principio atea –casi todos nosotros hemos militado en partidos de izquierda– y, en un momento determinado, ante una inquietud religiosa hemos descubierto el Islam.

R. – Ese es el paso que no dará la mayoría.

M. – Y ahí está el punto, si me lo permite, del interés que existe en el poder por crear un fenómeno integrista y el caso más patente me parece que está en Argelia, para tener un enemigo a abatir.

R. – En Argelia se unieron muchas cosas. Por un lado el problema de las elecciones, que eso fue sangrante. Se lo digo porque yo conozco Argelia muy bien. La verdad es que el gobierno argelino nunca ha sido un modelo. Para nada. Recuerdo una médico argelina, una mujer cultísima, encantadora. Tenía una casa bastante bonita. Me dijo: “mira, estamos aterrados, porque a cualquiera de éstos del gobierno se le ocurre que le gusta nuestra casa y entonces nos echa”. Así estaban las cosas bajo Bumedián. Y era verdad… El guarda que tenía en la casa, que era encantador –nos hicimos muy amigos– me decía: “yo echo de menos a los arqueólogos franceses (¡y estuvo en el FLN…!) y los echo de menos porque ahora me está mandando un animal que no sabe absolutamente una palabra de nada”. Esto es lo que ha pasado en muchos países árabes, que el gobierno que ha venido era peor que el de los colonizadores y el pueblo lo ha sufrido. Luego, claro, cuando han votado integrismo es porque piensan que hay mayor honestidad. O, por ejemplo, lo que sucedió en Persia. El Shah era un tirano, totalmente de acuerdo y lo sabemos todos, pero que también tuvieron mucha culpa los Estados Unidos, dicho sea de paso. Era un país que estaba despegando, con unos pensadores fabulosos y una serie de cosas fenomenales. Y eso, la verdad, a los europeos nos para un poco.

M. – Pero es que al poder, a ese poder que parece ser que no radica en ningún sitio ni tiene nombres, no le interesa un Islam moderno, un Islam, digamos, que esté de acuerdo con los principios democráticos, que sea respetuoso con los valores de la modernidad.

H. – Parece que se teme más al Islam que se recuerda en los textos, en las crónicas, al Islam de la Córdoba califal, se le teme más a ese Islam universalista y librepensador que a un Islam que fácilmente se puede criticar por desfasado y anacrónico.

R. – Se lo voy a decir. ¿Cúal es la fuerza que ha cambiado siempre el mundo? La palabra y el pensamiento. No cabe la menor duda de que un Islam “a la cordobesa”, como si dijésemos, sería la gran fuerza del mundo, pero con gran diferencia, porque el Corán deja una apertura lo suficientemente amplia como para poder pensar lo que se quiera.

M. – Es que es una orden la que hay en el Corán, de la libertad de pensamiento.

R. – No se constriñe en una serie de “de aquí no puedes pasar y esto te lo tienes que tragar mañana”. Porque incluso el mandamiento de la carne de cerdo es perfectamente sano, dado el calor que hace y las enfermedades de los cochinos. Como decía mi médico: “es que tienen toda la razón porque, claro, hay una serie de problemas sanitarios que se subsanan así: «usted no se lo coma y ya hemos acabado con ese problema»”. Luego, por otra parte, la civilización europea y la americana están muy viciadas: retiramos los dogmas religiosos, vamos a echarlos a un lado, pero ahora nos vienen los que yo llamo dogmas de la Modernidad, toda esta nueva literatura en que hemos pasado, primero, el período de la razón, después, el período de la emoción, el período de correr detrás de los símbolos, las banderas rojas… me da igual que sean nazis o que sean comunistas.

H. – Las ideologías…

R. – No ideologías, porque usted cogía a un comunista en la calle y le decía “¿me lo puede usted explicar?” Y es que del marxismo no se habían enterado de nada. Si no salía con el “tó pa tós”, salía con unas raras teorías del reparto que no eran posibles y si hablamos del Estado, de la función del Estado, ahí se acabó, no tenía la menor idea… corría detrás de una bandera como un gamo porque pensaba que esa bandera le iba a dar lo que deseaba obtener. Decía: “yo quiero vivir bien, no tengo dinero, pues esa bandera me lo da…, corro detrás” Y ahí se acababa la ideología y todo… Tuvimos esa época y ahora tenemos otra que, curiosamente, fomenta la Iglesia, (…si supiese usted la de encargos que he tenido yo de novelas pornográficas que no dan ruido y los he mandado a paseo, al señor Lara entre otros) y que es: vamos a bajar un grado… y ahora… el cuerpo. El hombre queda reducido a cuerpo, reducido a deseos fisiológicos y económicos. ¿Qué va a ser? La vanidad. Lo tenemos en las publicidades. Tener un coche más grande es más importante. Tener esto o aquello es más importante… tener… y satisfacción física. Un paso más y nos ponemos a ladrar, claro, esto es evidente. Esta crisis parte de Estados Unidos, de la civilización americana, que se asustó mucho con los movimientos del sesenta. Se extiende a Europa y ahora parece que las nuevas generaciones están reaccionando porque claro es que así no se puede vivir. Somos racionales. No nos puede usted reducir totalmente, vamos. La gente ya reacciona. Pero, ésta es una de las condiciones para tener ese poder absoluto que, de hecho, está buscando Roma. Si usted sigue las palabras del Papa observará que legisla “para todos”. Se lo dije antesdeayer en la televisión a un cura: mire, a los católicos sí, pero a los no católicos… déjenlos en paz. Es el Nuevo Imperio Romano, desde el punto de vista de la moral, como una forma de vida y de filosofía. ¿Cómo es posible hoy ese imperio? Pues sencillamente, transformando el mandato religioso en ley o, como dicen algunos, “en ley positiva, en ley que obliga a todos –sea cual fuere su credo– a obedecer los mandatos de la Iglesia”. ¿Cómo se consigue esto? Simplemente, reduciendo la capacidad intelectual del individuo. ¿Cómo? Como he dicho: vamos a convencer al individuo de que es cuerpo, de que la cabeza no existe, y entonces será el momento en que lo tengamos sometido a la ignorancia, a un descontrol total –deseo esto, lo tengo que conseguir–. Da igual que maten a siete viejas, porque los viejos no cuentan… Pues, sí puede ser el Imperio de Roma y ustedes no son exactamente lo mismo, ustedes molestan ligeramente y son, al mismo tiempo, una religión. Ellos son agnósticos que dicen al individuo: “ahora, apáñatelas tú, con tu responsabilidad y tú mismo, en tu mundo. Y es lo que hay…” Ustedes dicen: “no, un momento, hay una esperanza de más allá”, entonces… son ustedes la competencia.

H. – Sí, pero cuando se refiere a Roma, ¿lo hace desde un punto de vista religioso o alude al Imperio, a una estructura política y económica?

R. – No, cuando me refiero a Roma, digo que se puede conseguir el imperio mundial por vía moral, intelectual o legal, como en este caso, sin necesidad de tener un imperio efectivo por las armas o por la política.

H. – Sí, pero es contradictorio con lo que ha dicho antes sobre la ola de agnosticismo…

R. – No, la ola de agnosticismo no la desea la Iglesia, esa ola está surgiendo y es la que combate la Iglesia. Mire usted, la Iglesia no combatirá nunca, por ejemplo, al ateo practicante que escriba una diatriba en su contra o en contra de la existencia de Dios; que diga las mayores blasfemias contra el crucifijo, etc. No: ¿Por qué?.. Porque este individuo, al atacar una cosa está reconociendo su presencia y existencia. A la Iglesia, lo que le preocupa tremendamente, es ese agnosticismo emergente, no el ateísmo puro y simple.

H. – Sí, pero que vendrá fomentado por alguien…

R. – No, yo creo que eso no viene fomentado, yo creo que está surgiendo por desengaño general y por visión de las contradicciones. Lo digo porque lo he observado en conferencias que he dado en institutos. La Iglesia combate, por ejemplo, escribir o hablar haciendo abstracción de ella, no atacar a la Iglesia, no hablar para nada de ella. Ustedes allí y yo aquí. Le molesta no aparecer. Incluso a mí me lo han dicho muchas veces: lo que no se puede es hacer abstracción de Dios y abstracción de la Iglesia. Porque ahí está su talón de Aquiles y la gente, espontáneamente, chicos de quince o dieciséis años, están haciendo abstracción y esto va creciendo. Se nota por la reacción del público en conferencias, en la Universidad, por radio, por televisión… la reacción es cada vez más fuerte en ese sentido. Pero esto no lo fomenta la Iglesia, esto no lo querría por nada del mundo. Eso es lo que la está dañando en España. Eso y la oferta alternativa del Islam. Claro, todavía es pequeña, reducida a unos cuantos núcleos en Andalucía pero se está extendiendo con asombrosa rapidez, sobre todo por esta zona.

M. – Hace quince, veinte años, no había musulmanes españoles prácticamente, así, como comunidad…

R. – No, aparte de que estaba prohibido, no existían. Al principio de la Democracia eran ustedes poquísimos. Bueno, estaba el núcleo de Marbella, pero esos eran árabes a los que se les permitía practicar, pero musulmanes andaluces no había. Y hoy hay ya una comunidad en Granada y otra en Córdoba, que yo sepa.

M. – Y hemos firmado un Convenio de Cooperación con el Estado.

R. – Entonces ya tienen ustedes mucho… ¿No?

M. – No.

R. – Que el Estado es absolutamente confesional…

M. – O sea, ¿que usted piensa que está en manos de la Iglesia?

R. – El Estado sí. Una cosa es el Estado y otra el Gobierno. El Estado está totalmente en manos del Opus y en manos de la Iglesia militante, romana, romanizante… absolutamente. Si quiere usted, pues casi toda la prensa, casi todas las editoriales están en esas manos… Eso no es de ahora, viene sencillamente arrastrado.

H. – En algunos artículos de prensa, me ha sorprendido –sin ser un experto ni conocer el tema en profundidad– encontrar una relación de fondo entre la Masonería y la Iglesia. ¿Qué puede haber de cierto en ello?

R. – Bueno, hay ahí dos cosas. La masonería, como usted sabe, es una idea bastante bonita y positiva que surge en el siglo XVIII. Masón era el Conde de Aranda, masones eran todos los ilustrados, con unas ideas bastante claras. No tenían las ceremonias que tienen actualmente. Como me decía uno: “por qué no entras”. Digo: “chico, porque el día de mi ingreso me puede entrar un ataque de risa que me puedo estar riendo un mes”. O sea, que, imposible, claro, porque sería una total falta de respeto. Primero surge en España el Opus Dei, que es una forma de masonería, una orden laica: los hay casados, numerarios –que esos tienen que ser solteros, hacer los votos… pero están en la vida civil– algunos sacerdotes… Su fin –lo dice en Camino– es claramente el dominio universal. Ahí lo dice, ahí mismo: perseguimos el dominio universal . ¿Por qué vías? Por las que sean. Es organización secreta, hay que guardar el secreto. Nunca se prohibirá. Y esta gente necesita dinero, conseguirlo por las vías más rápidas posibles. Entonces surge en Italia una logia masónica, que se llama P-2. Hay un disidente masón que monta en Italia una logia al margen de la masonería tradicional, tanto del Gran Oriente como de la Masonería Escocesa. ¿Qué es lo que sucede entonces? Calvi… conexiones con el Vaticano… Marcinkus… gran escándalo del Banco Ambrosiano… Triple A argentina durante la represión… En fin, una serie de movimientos con bastante dinero. Esto se va a unir al Opus Dei. Y aquí tenemos el asunto Banesto. Parte de los principios de Conde están perfectamente explicados: esa compra de Antibióticos por los italianos en la que estaba implicada la P-2, de manera que el dinero que le dan a Conde por sus Antibióticos, que no lo valían por supuesto, para que compre Banesto, ese dinero viene a través de la P-2. Hay un libro muy bueno publicado en Colombia sobre este tema. Con P-2 vamos a entrar en Conde, que es masonería y Opus, simultáneamente, que va a comprar y va a vaciar –que es la técnica: vaciar– el dinero del mayor banco de España, como antes vaciaron Calvi y su cuadrilla el Banco Ambrosiano. ¿Por qué acaba Calvi colgado? Porque Calvi va a hablar. A Calvi había que quitarlo de enmedio. Y lo quitaron de en medio. Las conexiones son éstas. ¿Quién mete a Conde en Banesto? ¿No lo saben ustedes? Pues es público y notorio: el padre del Rey. Cuando entra Conde en el banco todo el mundo se queda con la boca abierta, porque ese señor, al que no conocemos, que no tiene el porcentaje necesario para exigir la presidencia ni mucho menos (el propio Argüelles tenía muchas más acciones y además era un sucesor de Guernica mucho más avezado). Don Juan dice que este señor, presidente. Y designan a Conde. En el 89 ya, se da cuenta el consejo y nos damos cuenta todos, de que este señor está vaciando el banco y se pone una denuncia para echarlo. ¿Sabe usted lo que pasa? Que todos los consejeros, que son mayoría, que participan en esto, van a la calle y se queda Conde, ya definitivamente con todo. Los demás accionistas nos unimos en su contra. Había mayoría entre los pequeños accionistas unidos. No se pudo desbancar a Conde. Conde paga gran parte, una serie de cosas, en el 92. En realidad esto fue un capricho real. Calculando que ya la monarquía estaba restaurada, el momento del V Centenario se aprovecharía para hacer una gran demostración y conseguir el Mercado Común Iberoamericano con España en cabeza. Entonces España sería el vínculo con América del Sur y con el mundo musulmán. Se monta el tinglado, nos gastamos hasta la renta de los nietos y la conclusión es que, todavía no ha terminado la fiesta del 92 cuando ya entramos en picado en la crisis, con todas sus consecuencias. Y fracasa la operación. Bueno, pues todo esto está explicado con la P-2, con el Opus Dei, en fin, con todo ese tinglado, con Roma… Todos sabemos que… Ambrosiano… Marcinkus… el Papa…

H. – O sea, que podríamos decir que ese fracaso pudo ser inducido desde el poder para evitar la emergencia de un nuevo poder que podría desestabilizar el “Nuevo Orden”…

R. – Bueno, el fracaso del 92 estaba cantado, era evidente. ¿Cómo quiere usted hacer el mercado común de los pobres? El mercado común de los pobres está condenado al fracaso. Las grandes uniones nacionales, por ejemplo la gran unión panárabe que creó Nasser y fracasó –por desgracia, porque hubiese sido muy importante–. ¿Por qué?, porque hace falta un material humano, porque en realidad hablamos de países pobres. Sudamérica es, en materias primas, riquísima. El mundo árabe, en materias primas, lo es también: petróleo, posibilidad de usar el sol, etc. ¿Qué es lo que falta? Pues faltan, simplemente, cabezas administrativas. Sí las tuviesen, sí que se podría hacer, pero no las tienen. No las tenemos ni en España.

H. Una cuestión que aparece a menudo en las revistas de pensamiento, en trabajos de análisis sobre el momento actual, sobre todo a partir de la caída del Muro de Berlín, es la reflexión sobre la Posmodernidad…

R. La Posmodernidad es una chorrada. El día que cayó el Muro de Berlín estaba encantada y lo estoy ahora con la reunificación alemana, pero mi primera exclamación fue: “ojalá no se nos caiga en la cabeza”. Yo acababa de venir del Este, había estado el año anterior y había notado en la URSS una descomposición intelectual total y, en cierto modo, moral. Allí se salía a la calle y en lo único que pensaba la gente era en consumir y en cómo conseguir dólares. El nivel cultural era muy bajo en general, francamente bajo a nivel de calle. Encontré a dos o tres personas realmente cultas y eran dirigentes, pero vamos, contados. Yo pensaba: “esto está en el período de los Zares, pero tapado”. Claro, ¿qué pasó en cuanto cayó el Muro? Pues ya lo saben ustedes: guerras civiles, problemas, desorden… Ni siquiera son capaces de mantener las obras públicas, los oleoductos les explotan por todos lados, el desastre de Chernobil, que no fue una casualidad sino un claro efecto de la descomposición. Les voy a decir una cosa: el sentido de la responsabilidad en el presente, de lo que tenemos entre manos -por ejemplo aquí es el agua- no se ha desarrollado. Ese sentido va parejo a una cultura humanística. Entonces, cuando los pueblos que no han tenido libertad acceden a ella, pierden absolutamente ese sentido y nadie se ocupa de nada. Entonces los países se desintegran. No olvidemos que hace muy pocos años la URSS era una potencia equiparable a Estados Unidos y hoy es el Tercer Mundo. ¿Por qué? Sencillamente porque no había ese sentido de la responsabilidad sino únicamente sentido de la disciplina. La gente funcionaba por miedo o por ambición, obedecían para promocionarse pero… obedecían, no pensaban. Cuando les ha llegado el momento de pensar son absolutamente incapaces.

H. – ¿Y cuando se habla de Posmodernidad?

R. – Ah, aquí, Posmodernidad es un invento de Tierno Galván and Company, precisamente para lo que dije, para rebajarnos un poquito más. ¿Qué es la Posmodernidad aquí? La movida. Volviendo a lo anterior, la Posmodernidad en la URSS fue lo que hemos dicho: falta del sentido de la responsabilidad. Cuando yo fui, ya no existía. En Moscú se empezaba a mover todo esto. Cuando le dices a cualquier individuo: “Tú puedes hacer lo que te dé la gana, ¿quieres pintar?, pinta, ¿quieres escribir?, escribe”, y no se le dice: ” Tú puedes hacer aquello para lo que estés capacitado, y el pan te lo vas a tener que ganar todos los días”, entonces piensa que todo le está permitido, que todo lo puede hacer y cuando no puede hacerlo, no tiene el sentido suficiente de autocrítica para reconocerlo. Concretamente en España, la Posmodernidad ha quemado así a toda una generación. Una generación quemada con este concepto: “Tú puedes hacerlo todo… y te vas a esperar”. Todas las manifestaciones culturales que aquí hubo… ¿no pensó usted que éstos estaban pidiendo una Pentecostés? Bueno, pues en la URSS ocurre lo mismo: pedimos libertad. Desde que tienen libertad, de milagro sale alguna buena película. Porque no ha sido libertad. No han sido capaces de asumir la responsabilidad que es inherente a toda libertad. Ahí tenemos el terrible caso de Chechenia, que era una república que funcionaba y a la que ahora están machacando. Claro, esto no se puede tratar en cinco minutos, exigiría un análisis profundo del hombre como individuo puesto que al fin y al cabo no estamos asistiendo a catástrofes naturales. ¿Es que ha habido un terremoto que haya hundido un país? No. Estamos asistiendo a los efectos de la estupidez humana. ¿Cuáles son los móviles de esa estupidez? ¿Por qué esa estupidez se desata y crea catástrofes casi de carácter cósmico? ¿Por qué es posible que esa estupidez pueda destruir sociedades, destruir los trabajos de generaciones? En la URSS, desde setenta años atrás llevaban trabajando como negros para tener un país mas o menos habitable y ahora lo están destrozando. ¿Por qué un momento de estupidez humana puede destrozar la obra de setenta años de construcción? Que no es que fuese muy inteligente, pero al menos fue constructiva.

M. – Y la respuesta a eso, ¿no cree usted que podría estar en que hay un plan para arruinar… –lo que algunos llaman Teoría de la Conspiración–…un plan sistemático…?

R. – Mire usted: si hay un plan sistemático para eso, con hacer el contra plan, estamos del otro lado. Yo, esos gobiernos maquiavélicos en la sombra, la verdad, no me los tomo en serio. Lo que me daría mucha pena es que, si los hubiese, no fuésemos capaces –los que no somos maquiavélicos– de neutralizarlos. Eso es lo triste. No puede haber ningún plan maquiavélico que pueda funcionar si no tropieza con idiotas a los que puede manejar.

M. – Quizás el plan es hacer idiotas a la mayoría de los ciudadanos.

R. – Mire usted, yo he nacido en una clase social, familia católica, en que, a las niñas se les decía: “Tú a casarte, nena, y no se te ocurra aprender mucho.., que a los hombres no les gustan nada esas cosas”. Bueno, pues yo aprendí a leer sola muy pequeña, he leído todo lo que he podido, he estudiado todo lo que he podido y no me he dejado vencer por el medio.

M. – Pero usted es una rebelde…

R. – No, no me he dejado, Pero ¿Por qué se dejan los demás vencer por el medio? ¿Por qué la gente que tiene un mínimo poder no trata de imbuir a las nuevas generaciones el sentido común suficiente? Aunque no nazcamos con una inteligencia preclara, pero sí con posibilidad de tener sentido común. ¿Por qué no se protege, aunque no sea más, ese sentido común? Y hay otra cuestión. Está clarísimo que lo que está sucediendo ahora en la selva del Amazonas, a mí me afecta. Una razón obvia, porque a lo mejor aquí no llueve porque están cortando árboles allí, y estoy jorobada por eso. Este sentido es obvio en relación a la Naturaleza, este sentido universalista. Hombre, que haya cuatro que no lo entiendan, estamos de acuerdo. Que tengan dinero, pues, estamos de acuerdo, pero son cuatro chochos, y son minoría.

H. – Pero tienen poder.

R. – Tienen poder porque se les deja y además la Historia lo demuestra. Cuando un imbécil tiene poder y domina una sociedad es porque esa sociedad se deja dominar.

H. – Ya, pero en las épocas en las que el poder era más reconocible, tiempos en que el poder tenía un rostro, quizás fuese más fácil, cuando las circunstancias se agravaban o endurecían, combatirlo. Vemos que este estado de estupidez colectiva del que usted habla, beneficia indudablemente a alguien puesto que existen grandes negocios en marcha…

R. – Hombre claro, esto está montado… desde la movida que montó Tierno… eso se montó todo intencionadamente. Pues claro que está montado.

H. – Me refiero a un nivel más internacional.

R. – Bueno, los Estados Unidos lo montaron, y en esto jugó bastante papel Reagan. Empezó Reagan y siguió el bestia de Bush: el entontecimiento colectivo, la sociedad de consumo. Yo me acuerdo cuando empezó… Cubismo, Modernismo… y ya algunos de los últimos movimientos –en el setenta– aquello ya no era Arte, francamente, era una cosa malísima. Se empieza a fomentar esa ética, se empieza a crear el fenómeno. Efectivamente tuvieron los medios de difusión, pero ¿por qué los tuvieron? Pues curiosamente, porque detrás había mentes pensantes. ¿Cómo al mundo árabe no se le ocurrió hacer lo mismo? ¿Que tienen éstos todas las editoriales? Perfectamente, pues vamos nosotros a dejar de momento nuestras cuestiones puramente religiosas y vamos a influir en la sociedad desde el punto de partida en que se puede influir. Han demostrado que esto es una memez y que se están volviendo idiotas. Yo me acuerdo una vez en París, en una exposición… –como algunos cuadros que hay en el Museo de Pompidou que se puede uno hartar de reír– me hacen una entrevista y dije “perdónenme, pero esto es una tomadura de pelo”. Esa exposición desapareció. Nadie volvió a hablar de ella. Yo era sólo una voz, pero me salió muy bien explicar por qué aquello era una estupidez exponerlo, porque nos estaban tomando el pelo a todos, y que qué locura les había entrado a los críticos, si se habían vuelto todos ciegos al mismo tiempo…y cretinos, de entrada. Claro, como todos habían cobrado, se callaron. Bueno, pues ¿por qué esto no se monta hoy con otro capital? Por que sí, porque lo que falta es también lo que estamos editando nosotros, lo que está editando la Fundación. Aún no le ganamos dinero, lo vendemos a seiscientas pesetas, pero no le perdemos. No tenemos medios ni publicidad… no tenemos nada. Esto es positivo para la gente porque les hace pensar… está montado con explicaciones para que lo pueda leer el último de la esquina y enterarse y todo. Pues ¿por qué no se hacen cosas similares a gran nivel, con capital árabe, por ejemplo? Y que no hace falta que lleven el marchamo religioso, por favor.

H. – Bueno, nosotros estamos precisamente en ello.

R. – Por favor, sin marchamo religioso, porque si no la gente dice: “ah, musulmanes”. No, sencillamente, de todo, libremente.. no digo que publiquen el Astete, porque sería absurdo.

M. – Desgraciadamente, el poder árabe está actualmente, en su gran mayoría, alineado con los americanos.

R. – Pero tampoco perjudicaría a nadie. Los americanos tienen un grave problema encima y están queriendo salir de donde están. Tienen el problema de haber construido un país invivible… los propios americanos son los que quieren salir del callejón sin salida donde se han metido, el hombre sensorial, se va extendiendo el crimen organizado, haciendo una sociedad inhabitable que empieza a llegar a la irracionalidad. Y no olvidemos que hay precedentes en la Historia. Los Aqueos tenían escritura, y los Aqueos perdieron hasta la escritura, y Homero va a tener que escribir con un alfabeto tomado de los cananeos. ¿Por qué? Por un bajón de la sociedad. En un bajón de la sociedad se puede perder absolutamente la cultura. Los americanos se están dando cuentan de que van ahí, incluso las multinacionales.

H. – ¿Y Europa?

R. – Europa está en otra fase.

H. – Pero ¿Corre el mismo peligro?

R. – Lo ha corrido, pero no tanto. Tiene una cultura más arraigada.

H. – ¿Y la situación actual de España?

R. – España va a la cola. Está peor que Francia.

H. – Me refiero en cuanto a la sociedad.

R. – La sociedad está reaccionando muy bien, está empezando a tomar conciencia del fenómeno, se está considerando seriamente que solamente cuenta el esfuerzo personal y que, además. se tienen que esforzar por ser personas, aunque no sean otra cosa. A nivel pueblo se está reaccionando muy bien. A nivel poder no hablemos, pero a nivel pueblo, la reacción es muy buena. Lo noto en la radio .Bueno, siempre sale el fascista de turno por el teléfono, que quiere matar a todo el mundo menos a él pero, en general, la reacción es buena. Sería conveniente poder fomentar sencillamente esa pequeña simiente del “piense usted por sí mismo”, esa pequeña simiente de “formamos todos parte de un todo, amigo, que lo que pase allí le toca a usted” y la gran simiente de “vamos a ver si evitamos el egoísmo”, que esas son las grandes taras de los hombres, la estupidez y el egoísmo . La estupidez genera egoísmo. Mire, tuvimos la gran generación de los pensadores de después de la Guerra Mundial. Esto desaparece. Después, el cine, la literatura en dirección contraria… y eso es lo que ha matado a la sociedad. ¡Vamos entonces a crear lo contrario! Yo le puedo decir que ahora mismo tiene usted, en España, veinte o treinta autores en sus casas, algunos diciendo que ellos no saben escribir… magníficos… marginados. Eso es así. Ellos también tienen que entender el problema. Tienen una gran carga de filosofía, de conocimientos.

H. – Sí, pero también está de por medio la cuestión política. El otro día hablábamos del paralelismo y coincidencia en el tiempo entre el proyecto Panarabista de Nasser, con su “Nahda” o renacimiento árabe, y el momento epigonal de la Modernidad en los países colonizadores. Ambos se vienen abajo. Cómo, cuando se empieza a hablar de la Posmodernidad, coincide con el fracaso del movimiento panárabe.

R. – Bueno, ahí jugó mucho la industria petrolífera. Fíjese usted en una cosa. El mundo árabe y Sudamérica tienen los pozos y los yacimientos de petróleo. Las refinerías se instalan en los que yo llamaría países de segunda, sobre todo en el mundo árabe. Los árabes tienen petróleo pero no la gasolina. Eso está montado muy bien. Es el clásico juego de los países del Este, que un país fabricaba el lápiz y el otro la mina. Matemáticas de conjuntos pero al revés. Ahí jugó mucho la guerra del petróleo, el miedo europeo a quedarse sin combustible, la posibilidad –que quedaba en manos de los árabes– de, efectivamente, paralizar Europa en cinco minutos, no a Estados Unidos, que tiene petróleo propio y no lo explota, sino que lo reserva, lo tiene guardadito. No desarrollar al mismo tiempo las energías alternativas, como la solar, porque entonces el problema del mundo árabe se iba a agudizar al no tener los ingresos que necesita. En fin, hay una serie de factores que van a jugar y van a abortar la unión árabe, sobre todo la idea de que podían paralizar Europa. Y los propios países árabes, con sus desavenencias internas. Esto hace que cada uno se ocupe sólo de lo suyo y hace imposible la unión.

H. – En la línea de lo que ha estado hablando, sobre la pregunta de por qué no se desarrolla un trabajo de estudio y de concienciación desde otra perspectiva, le podemos decir que nuestro proyecto, en el que se inscribe la publicación de la revista, va en esa línea. Sabemos que una publicación así, frente a un océano, no significa nada pero es una acción.

R. – De las únicas acciones que se pueden hacer. Ahora lo que es evidente es que, a otro nivel, hay una cosa muy inteligente a hacer: la adquisición de grandes editoriales. Eso, ustedes no lo pueden abordar, pero los árabes sí. Hay que incidir a través de la editoriales que ya existen. Esa es una manera de difundir la idea, que es fenomenal. Está el nombre, está el entramado de distribución. Se compra esto, se sigue una línea, naturalmente siempre sin perder aquello que va a aportar dinero, porque lo que no se puede hacer es negocio para perder dinero, eso es completamente idiota y, además, negativo. El día que esto no se autosubvencione, se parará. Así de claro. Por una razón obvia: publicar para que no te lean no vale la pena.

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Cuba es el nombre de la “tierra más hermosa que ojos humanos vieran”, como la calificó Cristóbal Colón. Los cubanos nos sentimos orgullosos de que el nombre de nuestra Patria sea tan atractivo como definitivo. En efecto, es atractivo por su sonoridad, y definitivo por su procedencia. Pero no todos los que lo utilizan conocen su origen y significado, ni saben que mucho antes de que Colón lo documentara por escrito en su Diario de navegación, era conocido por las comunidades aborígenes que poblaban las Bahamas o Lucayas y las Antillas Mayores, o sea, desde épocas anteriores al arribo de los europeos a estas regiones de América.

El Almirante de la Mar Océano, sin proponérselo, había descubierto para la Europa renacentista un nuevo y desconocido mundo, ya que sus intenciones habían sido hallar una vía marítima que hiciese mas seguro y rápido el acceso a las exóticas y lejanas tierras de Catay (China) y Cipango (Japón), tan exaltadas en esa especie de enciclopedia geográfica sobre el Asia Oriental que es el Libro de Marco Polo, por cierto, una de las obras preferidas por Colón..

La primera tierra avistada por el Almirante y sus compañeros de aventuras fue Guanahaní, como la llamaban sus habitantes. Colón le puso el nombre de San Salvador, clara alusión a lo que significó esta isla para el arriesgado marino genovés (hoy se conoce por Watling). Allí supo, de boca de sus moradores, los llamados indios lucayos (de luku- ‘ser humano, gente’ + cayo ‘isla’: ‘habitantes de los cayos’), que más al sur existía Otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, según las señas que me dan estos indios que yo traigo (anotación del 21 de octubre de 1492).

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Debemos aclarar que, en un principio, la comunicación entre los peninsulares y los aborígenes lucayos y antillanos se realizó mediante el lenguaje gestual y alguna que otra palabra, como se desprende de lo recogido por Colón y otros cronistas, como Las Casas y Oviedo. Para el oído europeo realmente fue difícil adaptarse a los vocablos de una lengua tan diferente de la española. Por eso no debe sorprendernos que en la primera alusión a nuestro país, el Almirante escribiera Colba. Sin embargo, en registros posteriores, ya familiarizado más su oído con el lenguaje de los por él llamados “indios”, recogió de forma correcta la denominación de nuestra Patria: Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo debe ser Cipango (anotación del 23 de octubre de 1492).

En la lluviosa noche del 27 de octubre de 1492, finalmente, las carabelas arribaron a las costas cubanas, por lo que se pospuso el desembarco para el día siguiente. Aunque Cuba nunca fue el tan ansiado Cipango o Japón de las crónicas de Marco Polo, al menos causó en Colón tal impresión por su rica y variada naturaleza, que no pudo menos que legarnos estas elogiosas palabras que nos enorgullecen aun en el presente: La tierra más hermosa que ojos humanos vieran.

Lamentablemente, el propio “Descubridor” fue el primero en querer sustituir el nombre aborigen por uno castellano, Juana, en honor del príncipe Don Juan, hijo y heredero de los Reyes Católicos. El 5 de diciembre, cuando culminaban sus preparativos para el regreso a España, Colón escribió en su Diario: De esta gente diz que los de Cuba o Juana… Felizmente, la denominación de Colón no se popularizó entre los posteriores conquistadores y colonizadores peninsulares de las Antillas Mayores, quienes prefirieron la voz indígena. Por otra parte, como señala J. J. Arrom (1), en diversos mapas de principios del siglo XVI aparece nuestra isla con el nombre de Isabela debido a un lamentable error cartográfico. No obstante esto, amerita la pena aclarar que en los dos mapas más importantes de este período, el del destacado cartógrafo Juan de la Cosa, de 1500, y el del cronista de la corte, Pedro Mártir de Anglería, de 1511, se mantuvo invicto el nombre de Cuba.

Los intentos de dar a nuestro país un nombre hispánico, culminaron con la real cédula del 28 de febrero de 1515, en la cual se estableció que, a partir de esa fecha, Esa isla que se llamaba Cuba se llama Fernandina. El mandato oficial fue en parte acatado, pues se trataba una denominación en honor del rey (observe el lector que los nombres hispanos que se trataron de imponer, siempre fueron en honor de los reyes o sus descendientes, lo que evidencia la importancia que se le otorgaba a Cuba como posesión ultramarina de España).

Durante mucho tiempo la mayor isla del archipiélago cubano fue llamada indistintamente Cuba o Fernandina, como los demuestra la documentación colonial que se ha preservado hasta el presente (2). Incluso en nuestra primera obra literaria, Espejo de paciencia (1608), de Silvestre de Balboa, en el que se exalta la belleza de nuestro suelo, su autor nos habla de la Dorada isla de Cuba o Fernandina. Además, en obras cubanas de finales del siglo XVIII se registra aun el uso de ambas denominaciones, como es el caso del Teatro histórico, jurídico y político militar de la Isla Fernandina de Cuba y principalmente su capital La Habana, de J. Urrutia y Montoya, publicada en 1791.

Pero en esta última y larga batalla se impuso, triunfalmente, el nombre de Cuba. Indiscutiblemente, este hecho guarda relación con el proceso gestor de la nacionalidad cubana, cuando los criollos comenzaron a tomar conciencia de que representaban una comunidad diferente de la española, con aspiraciones propias. Y aunque para esa fecha el aborigen cubano ya casi había desaparecido totalmente debido a la explotación de que había sido objeto y, sobre todo, al mestizaje biológico y cultural, las corrientes literarias conocidas por siboneyismo y criollismo resaltaron el legado lingüístico-cultural aborigen en sus poemas, al extremo de que el bardo decimonónico J. Fornaris expresara lo siguiente: ¿Cómo negar que por naturaleza somos hermanos de los antiguos habitantes de Cuba? En esa lucha por lo autóctono, por nuestras raíces, en una sociedad mestiza donde cubano ya significaba más que ser blanco, más que ser negro, al decir de José Martí, solamente tenía cabida el nombre nativo de la isla.

No pocos estudiosos cubanos y extranjeros han tratado de desentrañar el significado del exótico nombre de Cuba, como es el caso del peruano D. A. Rocha (3), del cubano J. M. Macías (4), del francés L. Douay (5), del puertorriqueño C. Coll y Toste (6), del austríaco Leo Weiner (7) y del también cubano Fernando Ortiz (8). Aunque las explicaciones de Coll y Toste y de Ortiz están mejor encaminadas que las de los restantes autores mencionados, a Arrom debemos el verdadero desciframiento del significado del nombre aborigen de nuestro país:

Pues bien, al manejar ese material lingüístico, encuentro que C. H. de Goeje (9) registra en Surinam la voz dakuban “my field” (mi campo, mi terreno), y de investigaciones anteriores recoge las grafías a-kuba, a-kúba y u-kuba, todas con el sentido de “field”, “ground” (suelo, campo, terreno). En estas transcripciones, explica el mismo Goeje, la vocal inicial a-, u- no es parte de la raíz, sino un prefijo que denota o anuncia el carácter general de la palabra, por eso separa con un guión el prefijo de la raíz. Kuba o Kúba debió ser por consiguiente, la voz que Colón oiría. Y eso vendría a explicar la vacilación del almirante al registrarla, abriendo o cortando la vocal de la primera sílaba, como Colba, y luego como Cuba.

Para redondear la idea expuesta por Arrom en lo referente al significado de Cuba, recurrimos a una obra no consultada por este autor. Nos referimos a la Filología comparada de las lenguas y dialectos arawak de Sixto Perea, publicada en Montevideo en 1942. En la página 590 de este libro aparece la palabra cuba (en la forma de ccuba, respetando la grafía del autor) con el significado de ‘huerto’, ‘jardín’. a-ccuba-ni-hú ‘jardín’, ‘huerto’; a-ccuba-n-ni-hu ‘predio’; dá-ccuba-n ‘mi jardín’; ba-ccuba-n, bu-ccuba-n ‘tu jardín’; etc. (la partícula –n- indica ‘posesión’). El análisis de Perea se basa en la traducción al aruaco de Surinam o lokono (de loko- ‘ser humano’, ‘gente’ + -no ‘sufijo pluralizador que equivale al español “nosotros”‘ > ‘nosotros somos gente o seres humanos’) de un catecismo. Como los lokonos y demás indios amazónicos y antillanos no tenían el concepto de “paraíso”, “edén”, ni tampoco el de “jardín” o “huerto”, pues solamente conocían el conuco o konoco (‘bosque’) como zona preparada para la siembra mediante la tala y quema, podemos deducir que los jesuitas recurrieron al vocablo cuba (‘tierra labrada’, ‘tierra cultivada’), para utilizarla en la traducción como equivalente del “paraíso”, del “jardín del Edén”, de los textos religiosos. Por otra parte, puede ser que en las Antillas este vocablo también pudiera significar ‘tierra habitada’.

Resumiendo, estos son los posibles significados del nombre de nuestra Patria. Lo que sí es seguro, es que esta denominación geográfica se debe a los aborígenes antillanos, quienes hablaban lenguas muy afines, pertenecientes a la familia lingüística aruaca, la de mayor extensión territorial en Suramérica antes de la llegada de los europeos. (10)

Mapa de JUAN de La COSA (1500)

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Info:
Entrevista con Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia
África versus América. La fuerza del paradigma.pdf (2000)

Relacionado:
FALLECE LA DUQUESA DE MEDINA-SIDONIA
Luisa Isabel Álvarez de Toledo

One thought on “Entrevista a Luisa Isabel Álvarez de Toledo Duquesa de Medina Sidonia sobre la falsificación y dictadura histórica

  1. Max

    Era un torrente esta mujer, cultisima y con muchisima infotmacion por pertenecer a las altas esferas pero muy caotica mezclando unas cosas con otras. Ese Genocidio cuando los Reyes Catolicos del que habla…….. Pura Leyenda Negra. Lei su novela La Ilustre degeneracion, es mala literariamente de solemnidad, pero a la vez un torrente caotico de informacion, como era ella. Lo mejor y mas interesante de esa entrevista es lo que cuenta de Mario Conde, es una pena que no dijera nada mas

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